Modelo cafetero, referente para visión conjunta del desarrollo rural en Colombia

cafeLa paz es un compromiso de todos. Bajo esta premisa la Federación Nacional de Cafeteros participó activamente en el reciente foro “Política de Desarrollo Agrario Integral” promovido en el marco de los actuales diálogos de paz entre el Gobierno Nacional y las FARC, espacio en el que la participación y los aportes de las organizaciones civiles y de la ciudadanía en general fueron recogidos para avanzar en la construcción de una sociedad plural y respetuosa de los derechos humanos.

En la medida en que las consecuencias del conflicto afectan a la sociedad en su conjunto pero con mayores repercusiones sobre la población rural, la perspectiva de organizaciones que tienen presencia institucional en la  mayoría de los departamentos del país y conocen los obstáculos para consolidar el desarrollo de la sociedad rural de Colombia es imprescindible. Por esta razón la Federación consideró que su participación, lejos de ser simplemente simbólica, debía consistir en aportar con cifras y datos concretos, su reconocida experiencia para llevar a cabo iniciativas, políticas y alianzas público privadas en las zonas rurales de 588 municipios de Colombia.

Los representantes de la Federación y de diferentes Comités de Cafeteros participaron en las diversas mesas de trabajo que se desarrollaron bajo la coordinación de la Universidad Nacional y el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas –PNUD, a mediados de diciembre. Además, presentaron a los participantes al Foro y a la comisión negociadora del Gobierno Nacional, encabezada por el Dr. Humberto de la Calle Lombana, el documento  titulado “Caficultura, modelo de paz”, que propone el modelo de desarrollo rural cafetero como uno de los referentes para la construcción de una visión conjunta del desarrollo rural integral en Colombia, que tenga como marco el desarrollo sostenible y como enfoque el desarrollo humano.

La llamada institucionalidad cafetera, que cuenta  con una  trayectoria de más de 85 años en torno al desarrollo de las comunidades rurales del país, se conforma por 366 comités municipales de cafeteros y 15 Comités departamentales  cuyos miembros son elegidos cada cuatro años en las elecciones cafeteras, proceso que cuenta con la participación de más del 64% de los cafeteros cedulados del país. La legitimidad de estos productores elegidos democráticamente por sus pares es fundamental para desarrollar los consensos necesarios para el desarrollo e implementación de políticas concretas. “En el caso del gremio cafetero, más que criticar y enumerar problemas, lo que nos hemos acostumbrado es a ir un paso adelante y proponer políticas y soluciones responsables y viables”, afirmó Luis Genaro Muñoz Ortega, Gerente General de la Federación. “Sabemos que es fácil criticar y proponer ´magia´ para mejorar las condiciones de los productores; lo difícil es construir, con constancia y persistencia, pese a las dificultades y adversidades, y eso es precisamente lo que hace la Federación”, agregó.

En el documento, la Federación de Cafeteros resalta que el fortalecimiento institucional y el respeto a las decisiones democráticas de los productores son características centrales para el éxito de cualquier organización social, principalmente de productores rurales. Agrega que nada garantiza un transitar apacible hacia el desarrollo, sino por el contrario, la volatilidad de los mercados, el cambio tecnológico y climático y las variaciones en las políticas públicas plantean desafíos recurrentes para la sostenibilidad de la actividad agrícola y que afrontar tan variados retos sin instituciones es prácticamente imposible.

Lo anterior implica que solamente quien se organiza alrededor de un arreglo institucional sólido genera la capacidad de adaptarse a las condiciones cambiantes del entorno y sobreponerse a ellas. En ese sentido, la Federación ha dado en los últimos veinte años un cambio sustancial en la forma como financia sus actividades, en la forma como provee los llamados bienes públicos cafeteros y en el tamaño de su fuerza laboral.

“La Federación redujo desde 1989 en casi tres cuartas partes el número de sus empleados en la oficina central. Actualmente estamos multiplicando por más de siete veces las contribuciones que recibimos de los productores con apoyos del Gobierno, con clientes, socios y aliados nacionales e internacionales, con ONG’s, banca multilateral y organismos de cooperación internacional. Además, estamos autofinanciando los gastos de promoción del café colombiano con regalías de marca. Se trata de un cambio estructural de la forma como operamos y nos financiamos, generando mayor valor a los productores”, destacó el Gerente de la Federación.

Al interior del documento se destaca que el modelo cafetero tiene como elemento central  la promoción de la equidad entre productores pequeños y grandes, propendiendo por el mejoramiento de las condiciones de vida y buscando el bienestar de la familia y de las comunidades vinculadas a la actividad y de su zona de influencia. En el proceso de proveer bienes públicos sectoriales de universal acceso a todos los productores en más de la mitad de los municipios del país se ha construido un capital social de gran importancia para buena parte de las zonas rurales de Colombia.

En el Informe de Desarrollo Humano 2011 para Colombia presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se relacionan las falencias del modelo de desarrollo rural colombiano. De acuerdo con dicho informe, el actual modelo agrícola no promueve el desarrollo humano y hace a la población rural más vulnerable, no favorece la convergencia, es discriminatorio frente a las mujeres, es excluyente, concentra la propiedad y crea condiciones para el surgimiento de conflictos, a la vez que es  poco democrático y no afianza la institucionalidad rural, ni promueve la sostenibilidad.

El documento elaborado por la Federación, titulado “Caficultura, modelo de paz” contrasta las debilidades de otros subsectores agrícolas diagnosticadas por el PNUD a través del denominado modelo de desarrollo cafetero. Así las cosas, el actuar del gremio cafetero y el tejido social desarrollado alrededor de la actividad cafetera, se diferencia profundamente del modelo de desarrollo rural colombiano y es un ejemplo de que es posible pensar en un enfoque de crecimiento  multidimensional en donde el eje articulador más allá de la rentabilidad sea el bienestar humano basado en la sostenibilidad. El documento de la Federación describe en detalle los bienes y servicios públicos generados por la institucionalidad cafetera durante las últimas ocho décadas que han estado al servicio de la población cafetera asentada a lo largo y ancho del país, así como los principales logros y resultados de los programas desarrollados.

En la última sección la Federación señala que para lograr estos resultados es necesario contar con el reconocimiento de transparencia y legitimidad que otorga un buen esquema de gobernanza institucional para la gestión de recursos de diferentes fuentes de cooperación nacional e internacional a través del esquema de Alianzas Público Privadas (APP), fundamentales no sólo para la caficultura sino, para cualquier actividad agrícola. Así mismo, el documento señala que el impacto derivado de un abandono del campo por falta de incentivos y condiciones de permanencia tendría un elevado costo social, no solo para el 25% de la población colombiana que habita las zonas rurales sino  para la seguridad alimentaria de las zonas urbanas y para la paz del país.

Lo anterior implica que el Estado y la institucionalidad agropecuaria deben desarrollar todos los mecanismos que sean necesarios para el mantenimiento de las actividades rurales. En el caso del sector cafetero, aún en la difícil coyuntura de los precios externos y del cambio climático, este principio es fundamental ya que el costo de cualquier apoyo del Estado siempre será mínimo frente al costo de encontrar y desarrollar una actividad alterna que ocupe el 25% de la mano de obra rural y distribuya ingresos en la mitad de los municipios del país.

El documento concluye destacando la importancia del fortalecimiento institucional que garantice la presencia del Estado en la generación de bienes públicos y de condiciones de permanencia de la población rural en la caficultura como la forma más idónea de capitalizar el tejido social que representan las familias cafeteras y su invaluable contribución a la generación de condiciones paz en el campo colombiano.

“Por décadas los cafeteros le hemos contribuido a la paz del país en diversas formas. Por muchos años fuimos responsables de la gran mayoría de las divisas necesarias para el desarrollo de nuestro sector externo; también  financiamos infraestructura comunitaria en diversas regiones, llevamos educación y desarrollo a las zonas rurales. Ahí están las carreteras, las escuelas, los puentes, toda la infraestructura que construimos. Adicionalmente los Comités de Cafeteros, con su responsabilidad y legitimidad democrática para tomar decisiones representando los mejores intereses de sus comunidades, tienen un grandísimo valor como institución de base. Por último nuestra capacidad de implementar programas y políticas de forma profesional y transparente representa un capital social único que tienen pocos países en el mundo y que incluso ha sido reconocido por la Unesco como un valor universal excepcional“, resaltó Muñoz Ortega.

“Alcanzar la paz entre los colombianos es compromiso de todos. Aquí tenemos esta organización cuyo eje central no es criticar y destruir, sino construir, y que no dudamos en poner al servicio nuevamente de los más altos intereses de la nación”, concluyó el Gerente de la Federación.