LIZIT: PASO A PASO, CÓMO SE GESTÓ EL “AIRBNB” DE LOS ALQUILERES

Daniel Botero Acevedo enfrenta la cámara con una sonrisa luminosa, fresca y generosa que no abandona ni siquiera cuando, en un descuido, su computadora se desacomoda y, en forma aparatosa, cae al piso, en medio de un estruendo y dos o tres madres echadas entre risas. La escena, una buena muestra del espíritu con el que un emprendedor debe afrontar los escollos que se cruzan en su camino, transcurre en el vivo de Instagram donde se está realizando la presentación de Lizit, la plataforma colombiana que acaba de lanzar junto a Jaime Andrés Gaez y Samuel Acosta Arboleda y que en tiempo record se ha convertido en el principal y, en gran medida, único marketplace de alquileres de Colombia.

El live es de principio de abril, a una semana del inicio de operaciones de la startup que nació primero como un grupo de WhatsApp para gestionar e intermediar rentas de las más variadas cosas y hoy, a poco más de dos meses de creada, es una robusta aplicación que ya superó los 2000 usuarios inscriptos y tiene 160 empresas alimentando su catálogo.

Lizit es una app Móvil en la que, literalmente, se puede rentar lo que a uno se le ocurra. La plataforma centraliza el alquiler de bienes y servicios en categorías como tecnología, hogar, instrumentos, vehículos, deportes, infantil, oficina, eventos, salud, herramientas, “Desde una caña de pescar a un carro, desde un vestido hasta un taladro…”, menciona Botero.

“Te alquilamos de TODO”. Así se presenta la compañía cuyo nombre, precisamente, puede traducirse como “Alquílalo”.

El proceso de creación de la compañía tiene algo de azar, pero fundamentalmente es el resultado de la determinación de voluntad y visión de sus fundadores, primero dos y luego un trío de founders que se lanzó a la aventura de emprender renunciando incluso a posiciones expectantes en empresas de primer nivel sin más red que sus propias convicciones basadas en la detección de un dolor social que ellos se propusieron como desafío atacar.

“Todo empezó en plena pandemia, cuando Jaime, harto de estar encerrado en su casa cocinando, me pidió que si no le ayudaba a alquilar una Play Station y luego me volvió a pedir ayuda para rentar una bicicleta fija. Fue el propio Jaime quien, luego de esos dos episodios, empezó a plantearme que estábamos ante algo sobre lo cual se podía hacer algo transformador”, rememora Daniel.

Primero armaron un chat de WhatsApp con amigos y familiares donde iniciaron la intermediación entre quienes necesitaran, por razones de presupuesto, alquilar lo que no podían comprar con quienes tenían cosas disponibles y en relativo de desuso, y querían ganarse un dinero ofertándolas en renta.

Al armarlo solo entre cercanos el primer espacio se demostró muy estrecho y de ahí pasaron a la creación de uno más amplio, entre conocidos no tan cercanos, que enseguida explotó el chat: “Lizit, alquila lo que quieras y lo que no encuentras en el grupo te lo conseguimos”, reuniendo a casi 100 personas y en pocos meses generando 230 transacciones, es decir operaciones completas y exitosas de alquiler.

Se dieron cuenta que la cosa funcionaba porque los usuarios empezaron a pedir las mismas cosas en forma recurrente. “Observamos que el 40% de las cosas se realquilaban”, apunta Gaez, el experto en ventas, de salir a buscar empresa tras empresa para que pueblen el catálogo de la App.

La plataforma se encarga de todo, centraliza la oferta y ejerce la gestión de la demanda, centraliza la logística, provee y administra las soluciones de pago. Además, busca solucionar cualquier faltante, y arbitra todo bajo un sistema que, en base a partners de mucho prestigio, como Sura y Truora, brinda respaldos en seguros, validación de la identidad y provee de un sistema de evaluación de la calidad de los productos y de auditoría sobre la forma en la que se promocionan basado en cuatro filtros.

“Primero se considera la review del usuario, luego las reseñas que se brindan en la comunidad que rodea la app y se suman nuestro sistema de alquileres a ciegas, donde nosotros azarosamente alquilamos cosas para probarlas, además de un último y estratégico filtro que ejerce nuestro transportista, que tiene la facultad de frenar la operación y no entregar el producto si este no cumple con lo informado, tras lo cual nos abocamos inmediatamente a buscarle otro”, describe Botero.

El golpazo con la página web tuvo dos consecuencias positivas. Daniel y Jaime entendieron, por un lado, que necesitaban un co-founder tecnológico, experto en desarrollo y ahí apareció Samuel. Por otro lado, decidieron que si querían que esto escale tenían que avocarse a full y dejar lo que estaban haciendo. De ahí en más todo fue vertiginoso. En enero de 2022, ya estaban todos a full y un mes antes de lanzar la aplicación, el 28 de marzo, ya tenían 150 comercios, aunque se habían propuesto una meta de 50.

Contrataron intensamente talento y, ante la insatisfacción con la primera versión de la app que les diseñó un tercero, decidieron, 28 días antes del lanzamiento, descartarla y armar un desarrollo in house todo desde cero. Días y días sin dormir, de caer y levantarse dieron como resultado que la aplicación estuviera prácticamente desde el principio disponible en Apple Store y Play Store con las funcionalidades y la propuesta de experiencia de usuario como ellos soñaban, “En la primera semana tuvimos 350 usuarios inscritos”, apunta Samuel.

Lizit se encuentra en plena expansión y tiene metas aún más ambiciosas. Espera cerrar 2022 con 55.000 usuarios inscritos y 760 empresas afiliadas. La apuesta es llegar antes de fin de año también, a tener operaciones en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali.

Y de ahí saltar, el año que viene a México, primera escala de su proceso de internacionalización y desembarcó a financiar en parte con los 5 millones que buscará en su segundo proceso de levantamiento de capital.

Buena parte de sus perspectivas de escala se apoyan en el lanzamiento el próximo mes, de una nueva versión de la plataforma, totalmente transaccional, automatizada.

“Nuestro crecimiento se basa aún en métodos que consideramos artesanales. Por ahora, cada solicitud de alquiler genera que alguien de nuestro equipo haga la gestión de intermediación, la idea es próximamente que esto se resuelva sin participación humana, sino mediante un proceso automatizado. Esto nos va permitir aumentar la tasa de conversión. Hoy, de 300 solicitudes concretamos cerca de 60, mientras que en la nueva app esperamos elevar la tasa de conversión al 70%”, explica Samuel.

Según datos de Statista, el mercado de rentas en América Latina movió 300.000 millones de dólares en 2020 y alcanzará en 2026 los 490.000 millones. Se trata, sin embargo, de un mercado desatendido financieramente, con altos grados de inseguridad e informalidad, que deja una demanda insatisfecha que por todos lados desperdicia oportunidades de impacto, inclusión y sostenibilidad.

El enfoque de Lizit genera impacto sostenible en el largo plazo, por distintas vías. En primer lugar, porque habilita bienes y servicios en alquiler a quien no puede comprarlos y genera a su vez un ingreso a quien tiene artículos en vacancia, armando un círculo colaborativo que a su vez reduce huella de carbono porque optimiza recursos reaprovechándolos más tiempo, cuando antes eran mucho más prematuramente desechados.

“De repente, una familia que no tiene dinero para comprar un ordenador para que su hijo haga la tarea en el hogar por las tardes, puede alquilarlo a un precio razonable. También desde la demanda nuestra propuesta es sostenible porque alguien puede alquilar, si no puede comprar, una máquina de coser y confeccionar prendas dándose un nuevo ingreso”, detalla Botero.

Del lado de la oferta, en tanto, Lizit se propone ayudar a quien, por ejemplo, tras alquilar exitosamente el único taladro que tenía disponible, quiere adquirir otros cuatro o cinco para hacer escalar su negocio. “La idea es apoyarlos con un fondeo acorde a sus necesidades y posibilidades”, anticipa Gaez.

“Estamos convencidos del impacto que podemos generar y es lo que nos mueve. Es verdad que hoy por hoy ganamos tres o cuatro veces menos que lo que ganábamos en nuestros puestos anteriores, pero somos diez veces más felices”, concluye.

Foto: Lizit

Fuente: Lizit